domingo, 2 de octubre de 2011

Aquel que no es animal, que tire la primera piedra

El maltrato animal es algo que puedes estar más cerca de los que esperamos, y es posible que seamos muchas veces responsables del pecado por omisión. Me pasó el día de hoy con mi prometida. Tomamos la mañana para llevar a nuestro pequeño chihuahua Kamo al veterinario. Yo le digo de cariño Kamo, pues mi novia tuvo la ocurrencia de ponerle por nombre Camote y eso me da algo de pena ajena. Sería curioso saber qué pensaría el pobre si pudiera hablar.


El hecho es que Kamo es un perrito difícil, y de tanto ver a César Millan ahora he logrado que a mí sea casi el único que hace caso sin chistar. He de admitir que ahora el pobre me tiene miedo, a pesar de que sólo le he pegado sus nalgadas un par de veces, pero maltratarlo nunca lo he hecho. Es algo que debo arreglar, porque tampoco quiero que el animalito al que tanto aprecio se esconda debajo de la mesa cada que llego a la casa, solamente porque piense que eso me hace feliz y que debe estar sometido constantemente.

Pues bien, íbamos caminando hacia la veterinaria, y yo era quien llevaba al perrito porque, como he dicho, sólo yo puedo pasearlo sin problemas. Me encanta que se acerque a la gente, pero él prefiere a otros perritos. Me haría demasiado feliz poder soltarlo y dejarlo andar a sus anchas olisqueando colas ajenas, pero no puedo y no debo, así que me limito a tirar levemente de la correa cuando lo veo mirar alegremente a un pitbull de no muy buen ver.

Cuando ya llevábamos más de la mitad del camino, me topé con una escena descorcentante: un "gringuito" le estaba gritando una sarta de malas palabras a un precioso y enorme Pastor Alemán, mientras el animalito se limitaba a apartar la mirada con ojillos tristes e indignados. Pero lo peor fue ver al tipo tirando después de la cadena para ahorcalo, en un estúpido intento de hacerse entender. Mi novia y yo lo miramos incrédulos, ¡qué se estaba creyendo!

Ya cuando nos acercamos, el hombre había calmado su ataque de histeria, pero el perrito no pudo contener un doloroso gemido de emoción al ver a nuestro pequeño chihuahua ¡Para qué lo hizo! De nuevo siguieron los gritos, las retahílas en inglés y los maltratos. Porque sí, si bien halar de la correa para controlar a un animal de tales dimensiones es válido, ya que obviamente éste gana en fuerza, la manera y las razones en las que éste mal llamado "ser humano" lo hacía me parecieron groseras.

Tuve que contener el aliento al escuchar al animalito gemir de nuevo ¡Por Dios, como quise quitárselo al gringo y deshacerme en abrazos para el perrito! Decirle que no se merece eso, que no es malo, que todo va a estar bien... pero sólo guardé silencio. Fue como escuchar a un hombre alto, grande, orgulloso y atlético romper en llanto. No estaba bien, para nada bien.

Ahora que lo medito, debí hacer la diferencia, aunque no estoy seguro de cómo. Casi me parece escuchar la réplica del señor, diciéndome que no me meta en lo que no me importa, y sinceramente no me hubiera gustado poner en peligro a mi novia si es que el tipo es de esos que trata a un ser humano a como trataba a aquel pobre can.

Como siempre, procuré sacar algo de la experiencia. Si fuera mi vecino, no me quedo callado, fijo le hecho la ley. También medito sobre mi carácter con mi pequeño Kamo, y hoy lo abracé con mucho más cariño, pensando en tantos seres que bien estarían mejor en cualquier otro lugar que no fuera en una casa, con semejantes "animales" descargando frustraciones sobre ellos.

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