sábado, 2 de febrero de 2013

La Mansión del Corazón

A propósito de una imagen que una amiga compartió, recordé que hace tiempo, cuando pasaba una situación amorosa difícil, comentaba con mi mejor amigo cómo sentía que el corazón es como una mansión.


Sucede que nuestro corazón es un lugar enorme, el cual tiene muchísimas habitaciones, tantas como te permitas tener. 


Durante nuestras vidas conocemos a muchas personas también, y dependiendo de la confianza, la familiaridad, o incluso el deseo de acercarnos a ese ser, les abrimos las puertas de esa mansión y le permitimos pasar. Abrimos una nueva habitación y le permitimos quedarse al recién llegado. A partir de ahí, ese espacio le pertenece.

Habrá quien se quede poco, apenas lo suficiente para haberle reservado un sencillo lugar, y habrán quienes llenarán de muebles sus aposentos, estarán durantes años haciendo ese lugar cada vez más personal.

Pero en nuestro corazón hay suites, y esas son para las personas especiales. Son grandes, porque esperamos amueblarlas con muchos recuerdos, tanto como el tiempo nos permita. Son para esos seres especiales que nunca esperamos que se vayan.

Pero eventualmente habrán despedidas. Alguien se irá demasiado pronto, otro partirá en la noche después de muchos años sin que sepamos qué pasó y también estará el que se vaya apaciblemente, simplemente para rendir cuentas al tiempo. Incluso, habrá quienes no queremos más en nuestra mansión, y se irán tempestuosamente, con daños y heridas, con la promesa de echar llave a la puerta y nunca más volver al espacio que ocuparon.

Nos encontraremos en la tentación de abrir la morada de nuevo y hacer entrar a un extraño al lugar que alguien más dejó... entraremos a esa habitación, el aroma traerá antiguas memorias, los recuerdos traerán alegrías, lágrimas... y descubriremos la verdad: ¿Cómo puede alguien más ocupar este lugar, si todo lo que hay aquí no le pertenece? Puede que esa persona ya no quiera volver aquí, pero lo que nos ha dejado es solo nuestro, nos corresponde usarlo para ser mejores personas, para crecer y hacer éste un mejor lugar. Y cerraremos la puerta, caminaremos por los pasillos y descubriremos que hay aún muchas puertas abiertas, y le regalaremos un espacio especial y acorde para ese nuevo invitado, porque se merece sus espacio propio.




No intentemos poner a nadie en un espacio que no le corresponde. Más bien, construyamos con alegría oportunidades nuevas cada día. Aprovechemos lo que se nos dejó, disfrutemos el ahora y tengamos esperanza en el futuro.

"Existe todo tipo de amor en el mundo, pero nunca el mismo amor dos veces"
F. Scott Fitzgerald

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